EL PROCESO DE LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA EN ESPAÑA


ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN Y PROPUESTAS DE FUTURO POR UNA NUEVA EDUCACIÓN

Estamos en plena época de la PAU (prueba de acceso a la universidad) y, en un momento en el que todavía sigue a debate su fin por parte de algunas Autonomías que cuestionan las alternativas a la Selectividad que propone la LOMCE, como cada año, vemos un gran número de estudiantes para los que este examen, sea lo que sea de él en el futuro, es su primer contacto con una vida nueva, que de alguna manera supone hacerse mayor.

Todos los años me fijo en estos estudiantes, que por primera vez y con una mirada llena de ilusión y esperanza, van a LA UNIVERSIDAD. Empiezan una nueva vida. Acceden a su futuro.

Estos estudiantes son los mismos que dentro de sólo 25 o 30 años llevarán las riendas del país. Desde diversas profesiones y oficios, serán los responsables de los procesos productivos, de la gestión política, de las relaciones internacionales que posicionarán a nuestro Estado, del sostenimiento familiar, del mantenimiento de las relaciones sociales, etc. Además, serán cabezas de familia y quienes harán posible que nosotros, los que habremos llegado a la jubilación casi sin darnos cuenta, podamos vivir un poco mejor.

Así ha ocurrido siempre y así seguirá siendo en el futuro.

Aunque, según la Oficina Estadística Comunitaria Eurostat, España lidera la tasa europea de abandono escolar entre los 18 y los 24 años, (sólo en la Comunidad de Madrid, cada año, 25.000 adolescentes no terminan el bachillerato) duplicamos la media europea en estudiantes que completan con éxito la educación universitaria o equivalente. Y para los que nos dedicamos a la Educación Superior, esto es una gran responsabilidad.

Por eso es tan importante esta etapa. Se inicia el relevo y nos la jugamos con él, pues no sólo se trata del futuro de una generación de jóvenes, sino del futuro de todos. Nuestras armas: las vidas personales y profesionales de cada uno de los que en estos días acudirán a la Universidad.

¿Habrán elegido bien lo que van a estudiar? ¿Será como se lo imaginaban? ¿Cuántos abandonarán en menos de un año? ¿Cuántos podrán aplicar los conocimientos adquiridos en su vida profesional? ¿Encontrarán un trabajo adecuado cuando terminen?  ¿Ese “hacerse mayor” significa que aprenderán una profesión o es algo más?

Estas y muchas otras preguntas se las hacen las madres y padres, preocupados por el futuro de sus hijos y conscientes de que el relevo generacional ocurrirá, quieran o no. Pero la pregunta más importante que se hacen todos es la siguiente: ¿estaremos dándoles las herramientas necesarias para conseguir sus objetivos?

Vayamos por partes. Vamos a analizar brevemente la situación actual de la educación universitaria en España:

Si nos fijamos en el ranking académico de universidades del mundo (Academic World Ranking of Universities: http://www.shanghairanking.com/es/ARWU2014.html) vemos que la primera universidad española (Universidad de Barcelona) está en el puesto 172 y las dos siguientes

(Universidad Autónoma de Barcelona y Universidad Autónoma de Madrid), aparecen en los puestos 201 y 202. Para encontrar las siguientes ya nos tenemos que ir hasta los puestos 291 y 309 (Universidad de Valencia y Universidad Complutense de Madrid). Y entre las 500 primeras universidades del mundo, no hay ninguna española que sea privada. Los números hablan por si solos.

¿Por qué pasa esto?

Los motivos por los que nos encontramos en esta situación se basan en males endémicos de nuestro sistema educativo que se pueden resumir en los siguientes:

  • Sistema público de financiación que conlleva una excesiva dependencia política de la gestión, especialmente en las universidades públicas.
  • Se da prioridad a otros factores caprichosos en lugar de a la rentabilidad o a los intereses puramente académicos a la hora de desarrollar programas.
  • Nula o muy poca inversión en el reciclaje del profesorado y en su adaptación necesaria a las nuevas metodologías.
  • Continuos vaivenes en la legislación educativa.
  • Un proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior que se basa más en la forma que en el fondo.
  • Pocos recursos y mal distribuidos.
  • Exceso de burocracia académica y administrativa.
  • Muy poco control o control fallido de la calidad académica.

Y todo ello, unido a otra serie de factores, nos ha llevado a una gravísima situación financiera, sobre todo para las universidades públicas, que con una elevada tasa de deuda se ven obligadas a trabajar en un mercado de competencia feroz y que genera una enorme inflación de oferta académica. Esto sólo concluye en un círculo vicioso en el que gran parte de  los programas formativos ofertados  cada vez son menos rentables y, por tanto, cuentan con menos recursos para invertir en profesorado y equipamiento. En definitiva, la principal consecuencia está clara: una mala calidad académica.
El mundo ha cambiado. Nadie discute que hay parámetros establecidos en la sociedad que deben modificarse y adaptarse a los nuevos tiempos. Y es indudable, que es en la Educación en donde hay que incidir de manera especial en esa necesaria adaptación.

Esto no son opiniones, sino hechos, que como digo, nadie discute.

La cuestión es cómo llegar a esa adaptación del sistema educativo universitario, ya que está demostrado que el modelo actual no funciona. Ni en las universidades públicas, ni en las privadas. Por eso, creemos que las modificaciones deben incidir en los siguientes puntos:

  1. Adaptaciones y cambios financieros.

Las universidades no pueden depender exclusivamente de los fondos provenientes de las instituciones públicas sino que se deben regular por medio de recursos propios, gestionados por ellas mismas. Las razones son diversas pero la fundamental es, por un lado, que así pierden su autonomía y, por otro, que de esta manera la gestión se realiza sin seguir una planificación estratégica adecuada.

El estudio para modificar el sistema de financiación de las universidades públicas debe hacerse desde el gobierno central y no desde las distintas comunidades autónomas, para igualarlas en proporción a sus dimensiones y estructuras.

Las universidades públicas deben ser autónomas financieramente hablando ya que las ayudas públicas deben ir directamente a los usuarios, en función de sus posibilidades. Así, un porcentaje muy elevado de las dotaciones públicas que ahora mismo se destinan a las universidades, llegarían a los ciudadanos, en un reparto más justo.

Obviamente, este cambio requiere un proceso de transición que permita adaptarse a las estructuras actuales.

La financiación pública no debería superar en ningún caso el 20% de las necesidades financieras de una institución y que el 80% restante debe provenir del cobro directo de los servicios educativos que ofrece la universidad, fijando unos precios mínimos que permitan una gestión prácticamente autónoma e independiente.

Por otro lado, se hace necesario establecer controles en cuanto a la oferta académica, con el objeto de regular el mercado y evitar las inflaciones de titulaciones que hacen que muchas de ellas pierdan su rentabilidad.

  1. Adaptaciones y cambios académicos.

Todos los elementos del sistema universitario, estudiantes, profesores e instituciones, deben ser conscientes de que las cosas han cambiado y de que deben adaptarse a una nueva situación en la que el proceso de aprendizaje se desarrolla en un entorno muy diferente del de hace sólo unos pocos años.

Lo primero que debemos tener claro es que en estos tiempos es necesario que los profesionales no sólo sepan de “lo suyo”. Para desenvolverse en el mundo laboral hay que dominar dos aspectos que hasta ahora no se encontraban en los programas de cualquier carrera universitaria:

  • Conocimientos de disciplinas afines a la principal que se está estudiando. Es decir, un alumno que, por ejemplo estudia marketing, debería tener conocimientos de comunicación, de empresa, de publicidad, organización de eventos, etc.
  • Habilidades sociales que favorezcan claramente las relaciones personales tan necesarias en el mundo laboral. Por muchos conocimientos teóricos y prácticos que tenga una persona, no puede desarrollarse profesionalmente de una manera individual y aislada del mundo sino que necesita interactuar con otros profesionales, departamentos, instituciones, etc.

En definitiva, hablamos de una formación más completa y que de verdad tenga demanda en el mundo del trabajo. Se trata de entrar a la universidad para estudiar cualquier carrera, persiguiendo un perfil profesional. Perfiles profesionales que la sociedad demanda en un periodo determinado en función de la coyuntura del momento.

Para conseguir esto, no sólo es preciso modificar los planes de estudios, sustituyendo algunas asignaturas por otras, sino que hay que cambiar la forma de hacer las cosas. Aquí proponemos unas cuantas ideas para incorporar al mundo universitario y conseguir una preparación mejor y, sobre todo, una preparación más adecuada al entorno actual de la sociedad y al momento  en que vivimos. Hablamos de crear una formación a medida de las necesidades del país según cada momento determinado:

  1. Dar mayor peso al uso de las tecnologías de las que disponemos aprovechando, por ejemplo, las ventajas de la formación on-line en la formación presencial.
  1. Desarrollar programas cuyas competencias a adquirir no sean sólo profesionales ni específicas o transversales solamente, sino múltiples y que deriven en una visión global y no aislada.
  1. Adaptar estos planteamientos a los planes de estudios. Se hace necesario incorporar materiales no específicos de la carrera sino afines y de relaciones sociales.
  1. Controlar de manera efectiva la calidad del proceso de aprendizaje, no sólo en base a las competencias adquiridas, sino también según la efectividad real de dichas competencias.
  1. Introducir el trabajo colaborativo como metodología principal en todo el proceso.
  1. Establecer conexiones desde el inicio de cada carrera con los empleadores que demandan profesionales de esos estudios con el objeto de conectar desde el inicio los estudios con el mundo laboral dando respuesta a la demanda social.

Estas son sólo algunas de las medidas necesarias para adaptar el sistema educativo al mundo actual y conseguir que los profesionales del futuro, los alumnos de hoy, estén mucho mejor preparados para enfrentarse y crecer en el mercado laboral. Esto no sólo influirá en la productividad general del país sino también en la gratificación individual.

Desde la Escuela Internacional de Protocolo, producto de la experiencia formativa de más de 20 años, hemos llegado a la conclusión de que el campus universitario  debe ser un espacio donde se interrelacionan distintas áreas de conocimiento de manera que, mediante la formación combinada, los alumnos puedan adquirir y desarrollar las aptitudes y capacidades más adecuadas a la oferta general de empleo según la coyuntura social y económica de cada momento, logrando una inserción laboral mucho más optimizada.

¿Qué es la formación combinada?

 En esencia, se trata de que un profesional no adquiera conocimientos exclusivos de su área de conocimiento, sino que al mismo tiempo que se especializa en los estudios elegidos, también adquiera otras competencias, relacionadas con ellos, pero que le darán una visión mucho más global y completa de su futura profesión y que le permitirán acceder a una oferta laboral mucho más amplia que la dirigida específicamente a su especialización.

La formación superior combinada cumple sus objetivos si consigue formar integralmente al estudiante, combinando conocimientos teóricos y prácticos y fomentando el desarrollo de habilidades personales, en un entorno internacional y aprovechando cada vez más las ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías.

Es un concepto nuevo. Una formación que aprovecha las ventajas de combinar metodologías, profesiones y servicios para alcanzar un resultado doblemente bueno, sin que ello suponga duplicar el tiempo invertido ni el coste.

 

Combinar para multiplicar

  •  Combinar titulaciones para multiplicar el perfil profesional

La oferta formativa combina titulaciones que se complementan profesionalmente y que dota a los estudiantes de un perfil profesional más competitivo, sin que ello suponga más años de estudio.

  • Combinar metodologías para multiplicar el aprendizaje

La posibilidad de complementar la formación presencial con las nuevas tecnologías ayuda a que los alumnos puedan estudiar en un entorno familiar y multiplica el refuerzo en la enseñanza de competencias y habilidades. El alumno cursa sus estudios desde su lugar de origen evitando repercusiones económicas o logísticas.

  •  Combinar entorno nacional e internacional para multiplicar salidas profesionales

Los alumnos se forman en un entorno global, sin fronteras, donde pueden optar a una salida profesional tanto en España como en el extranjero o continuar sus estudios en campus internacionales.

  • Combinar instituciones para multiplicar garantías.

La suma de dos o tres instituciones garantiza un modelo educativo con verdadera proyección profesional. Experiencia e innovación se unen para ofrecer una mayor calidad docente y mejores servicios para los alumnos y las familias.

Así entendemos en el Grupo Escuela Internacional de Protocolo, desde los más de 20 años formando profesionales, la formación universitaria en la actualidad y estamos absolutamente convencidos de que aplicando los cambios antes señalados y apostando por la formación combinada, el panorama universitario español daría un giro radical y saldría mucho mejor parado en el ranking mencionado al comienzo de este escrito.

Gerardo Correas Sánchez

Presidente del Grupo Escuela Internacional de Protocolo

www.protocolo.com / www.campuscies.com / www.universitarioeip.com

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