LETIZIA, REINA DE ESPAÑA. UNA PROFESIONAL


LETIZIA, FUTURA REINA DE ESPAÑA, UNA PROFESIONAL ENVIDIABLE

Sólo ella sabe, lo que la periodista Letizia Ortiz, ha tenido que aguantar en estos últimos años.

Desde un noviazgo a escondidas y en secreto -que tuvo que pasar mientras cada día se asomaba a las ventanas del telediario- hasta ser el personaje mediático más importante de España, en el que todo el mundo se fijaba con el único ánimo de criticar cualquier posible mancha que pudiera tener no solo en su forma de vestir. También se ha analizado cómo se movía, cada palabra y cada gesto. Si una sonrisa, ¿por qué? Si una cara seria, ¿por qué? Y ante cualquier cosa, chorreaban un sinfín de discursos dando un significado, en muchos casos estrambótico y absurdo sin ningún rigor, a lo que solo era eso, un gesto normal y corriente de una persona normal y corriente, como así era Letizia.

Nadie se puede imaginar, solo ella, lo que ha vivido y lo que significa que una persona normal, pase de un pisito de soltera en un barrio modesto a tener que vivir en el complejo de La Zarzuela con lo que ello implica: cenar con los Reyes, participar de los actos públicos, en fin, actuar como Princesa.

Imagino los momentos de soledad, las lecturas del sinfín de interpretaciones de cada gesto, sorprendiéndose y descubriendo en sí misma una nueva persona según la visión de los que la analizaban.

Imagino los momentos de frustración que ha debido sentir al verse observada, analizada y evaluada de una manera totalmente distinta a lo que ella hubiera querido transmitir en algún momento.

Imagino los momentos de tensión antes de aparecer en un acto público junto a su marido, actuando y formando parte de ese matrimonio, a la sombra del esposo que al mismo tiempo es Príncipe heredero; pero seguramente en contra de su sentir muy parecido al de la generalidad de las españolas cuando actúan al lado de sus maridos.

Y todo ello, mezclado con una felicidad buscada en su matrimonio por medio del amor a su marido y a sus hijos, oyendo incluso y aguantando estoicamente, sin fundamentos reales, crisis infundadas de la pareja, y todo tipo de rumores de lo más variado.

Se ha hablado tantas veces de la profesionalidad de Doña Sofía que ya parece obvio, pero no hemos oído todavía hablar de la profesionalidad de Letizia, Princesa de Asturias, actuando como futura Reina de España.

A poco que se analice la actuación de la actual Princesa de Asturias y en unos días Reina de España atendemos tres claras etapas en las que la profesionalidad en beneficio del objetivo a conseguir con su imagen, ha primado por encima de todo. Ahún sabiendo -y esto es lo que tiene mérito- que lo que iba a trascender era lo poco importante… el vestido, el peinado, la operación, la delgadez, sus gestos, la mirada, etc.

La primera etapa ligada a su profesión se inicia con la pedida de mano y sus primeras apariciones con una actuación impecable mostrándose tal y como era con el recato necesario de aquel que se introduce en una Familia Real, pero sin perder ese desparpajo de la periodista del Prestige. Letizia será la primera Reina con carrera universitaria pero no es posible que una persona sea un día periodista y al siguiente Princesa.

A partir de su boda -con la previa aparición espectacular con aquel vestido rojo en el enlace matrimonial del heredero de Dinamarca- observamos en una segunda etapa a una Letizia siempre en un papel secundario, sin hablar, siempre pensando, al lado o detrás de su marido. Su look, elegantemente grisáceo, potenciaba perfectamente el papel que el Príncipe necesitaba o creía necesitar; manteniendo su intimidad hasta el máximo aunque exponiendo a todos la visión necesaria de sus hijas y de una pequeña parte de su vida.

No había que dar qué hablar. Se tenía que hablar del heredero.

Pasados los años, tuvo que vivir el apoyo al Príncipe en la intimidad y públicamente, debido a los avatares que sobrevinieron a la Familia. Es aquí cuando encontramos a una Letizia que siempre apoya la postura que reforzará la institución en su papel discreto: Siempre detrás pero sabiendo cuál es su sitio. Ahí comienza la tercera etapa.

Se inicia con una frenética agenda de actos institucionales a los que acude de manera individual, yendo de un lado para otro, actuando en foros, conferencias, congresos, visitando hospitales… Todo a un ritmo trepidante.

Ya es ella, cumpliendo con sus funciones de Princesa. Haciendo algo más que apoyar.

Es de resaltar que en ningún momento de esta pequeña y corta historia de 12 años, no se le ha podido -excepto los acostumbrados chismes de repetición de vestido, etc.- reprochar absolutamente nada que sea verdaderamente importante. Piénsenlo.

Buscando la sencillez, y obligada por las circunstancias, ha sabido encontrar un equilibrio entre la discreción y las apariciones públicas. Jamás ha dado paso a un personaje mediático propio de Mónaco; consiguiendo además que el buen hacer pase inadvertido como le sucede al buen árbitro del que no se habla a excepción de aquellas cosas que son irrelevantes.

En eso estamos y en unos días se iniciará la cuarta etapa: la Reina Letizia.

¿Cómo va a actuar? No cabe duda alguna: Muy consciente de las funciones de Reina -incluso cayendo en la cabezonería- empeñada en ejercerlas a la perfección, sabiendo cuánto significa de ayuda a la labor del Jefe del Estado.

En eso está. De momento la sensación es la de una profesionalidad envidiable.

¡Felicidades, Señora!

Gerardo Correas
Presidente de la Escuela Internacional de Protocolo

4 comments

  1. Muy buen comentario. Ciertamente es impecable y por tanto admirable su labor y capacidad de adaptación. Sin embargo, y al contrario de lo que me sucede con la Reina, Letizia no me convence en su papel, no me creo lo que transmite. Es la única “pega” que le pongo: una excelente profesional y Princesa 10, si no fuera porque las “cosas de Palacio” están – en mi opinión – por encima de ese manido concepto … y ese “algo más” no soy capaz de verlo en ella.

  2. Gerardo, gracias por verbalizar de forma tan clara esa impresión inidentificable que me causa Dña. Letizia. Era eso, exactamente…

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